LO MÁS NUEVO

Lo que aquí se expone son meditaciones personales, no una doctrina. Si este espacio, nacido y expuesto desde la reflexión personal, ayuda a que otros reflexionen sobre sí mismos y orienten su vida hacia los valores del Evangelio, habrá conseguido su única finalidad.

domingo, 27 de febrero de 2011

Etiquetado

Después de nueve horas de trabajo continuado en dos cantones y una cena improvisada, una señora me dijo al despedirse: “Usted es huraño, ¿verdad?”  Nunca me habían acuchillado con semejante adjetivo y dudé un momento. No sé si porque me hizo gracia o sólo por pereza, le contesté que sí, que soy muy huraño. Y se fue.

La etiqueta, la marca identificadora, es muy difícil de evitar. Todos etiquetamos sin compasión, entre otras razones porque, si no simplificáramos algo, apenas podríamos vivir, porque cualquier decisión se tornaría imposible. Cabría pedir, en todo caso, que se etiquetara a todo el mundo en un sitio que respondiera algo a la realidad, porque, siendo de por sí una mala acción, al menos corregiría lo peor: que, encima de encasillarte, lo hagan erróneamente. No resulta fácil, pero entra ya en el terreno de lo moralmente exigible, aunque con errores disculpables. El asunto se complica cuando te encierran en una gran etiqueta y se van con la famosa idea y la publican. Un momento: usted puede etiquetarme si quiere, incluso equivocadamente, en los casilleros de su mente más o menos amplia, pero no tiene derecho a irse y proclamarlo a los cuatro vientos. Es decir, mantiene la obligación de revisar las causas de mi encarcelamiento en tal o cual casilla, para liberarme de él en cuanto la realidad le demuestre que estaba mal etiquetado. Esos que convierten a los demás en estatuas, sin posibilidad de cambiar, y los guardan así para siempre matan el diálogo y toda posibilidad de comprender al otro. 


5 comentarios:

Es cierto que necesitamos etiquetar, pero también que toda etiqueta habla más del etiquetador que del etiquetado. ¿Por qué? Porque se elabora según la vara de medir de quien la emite.

Conociendo como nos etiquetan conocemos mejor a nuestros prójimos.

mar dijo...

Quien somos nosotros para etiquetar a nadie? Más nos valdría mirarnos a nosotros mismos en un espejo.
Un saludo

SIEMPRE SEREMOS OBJETO DE ETIQUETAS...
resultado de los "múltiples pensamientos y consciencias humanas".
¿Cuántas etiquetas pusieron al Maestro Jesús?
Lo alcanzaron a llamar "Hijo de Baalzebú"....
Pero Él sabía que era: HIJO DE DIOS...y es lo más importante.
Saber quienes somos, en verdad....sin importar lo que los demás crean....hasta que nos conozcan bien.
Amor y Fe.

E. Baregó dijo...

Etiquetas, perdón lo que voy a decir, malditas etiquetas, a parte de ser antinaturales para definir al ser humano, pues "al ser humano no se le puede definir, por tener la naturaleza que tiene"(E. Mounier), las etiquetas no nos permiten tener una visión más amplia, y aparte de ello, la tentación está siempre ahí para todos, pues a veces no sólo se nos etiqueta, sino que nosotros etiquetamos.Que Dios nos ayude, saludos.

Miriam dijo...

las etiquetas de papel, al final acaban saltando. Estas que ponemos en la mente, se fijan como con superglue.
Y así perdemos la oportunidad de enriquecernos cnociendo y compartiendo
Gracias por la entrada