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Lo que aquí se expone son meditaciones personales, no una doctrina. Si este espacio, nacido y expuesto desde la reflexión personal, ayuda a que otros reflexionen sobre sí mismos y orienten su vida hacia los valores del Evangelio, habrá conseguido su única finalidad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Poner la otra mejilla

Hoy todos hablan de una “tolerancia”, preciosa máscara, que disfraza el “todo vale y te callas porque si no, no eres tolerante”; la dictadura dentro de la democracia. La auténtica tolerancia es la de aquellos que, a pesar de escuchar otras opiniones, no recurren a trampas o engaños si no dan la cara, su “otra mejilla” por lo que piensan. Poner la otra mejilla sólo funciona cuando se habla de la verdad absoluta e infalible: el amor. Todos sabemos que el “ojo por ojo” es el piloto de la desgracia, la cadena de la muerte.

Poner la otra mejilla no es una cobardía; requiere valor o, mejor dicho, creer en un gran valor, que en muchos casos se paga con la propia vida. Los mártires son su testimonio. Personas que no ofrecen nada a cambio del odio recibido más que su propia vida, personas que no han dudado que la otra mejilla es el único “punto y aparte”. Pero, para otros, poner la otra mejilla es reflejo de estupidez; y es que, hoy en día, ser bueno raya para muchos en lo estúpido. Todo aquel que piensa lo contrario, que no va de progre –porque siempre lo ha sido y no lo necesita demostrar- o que no se atiene a las normas de los defraudadores de valores es condenado al submundo de los “intolerantes”. Todos sabemos al final quiénes han puesto la otra mejilla. Hay un sin fin de cristianos de la otra mejilla: pasan sin destacar, no aparentan, llaman la atención por lo que son, por lo que hacen. Dejan abofetear su mejilla, ponen su cara y sus huesos por los desahuciados de un mundo “progresista”, por los que no tienen derecho a vivir como nosotros porque son niños, mayores, inmigrantes, analfabetos, no han nacido, están enfermos y, cómo no, en casi todos los casos, son pobres de todo.

5 comentarios:

Juanita dijo...

muy bonita publicacion!!!

Poner la otra mejilla es signo de gran valentía.
Hay que ser bueno pero no tonto o cabarde.
Poner la otra mejilla es dar la cara ante las injustícias, aúnque ello te de la muerte.
Hay que pensar por nosotros mismos y no dejarnos vencer por miedo.
Hay muy buenos cristianos, pero se quedan sentados y sólo miran sin hacer nada. Eso es hipocresía.
Ser bueno implica algo más a nuestro alcance.



Gracias.

Extraordinario y cierto! poner la otra mejilla, hoy en día ,para muchos es ser "medio tonto", es no saber ir "a favor del progreso" en muchos asuntos.
Conozco jovenes valientes que ponen su mejilla una y otra vez cada día a quien no les importa que les tachen de ridiculos y absurdos, de antiguos y desfasados porque en contra de lo que la "progresía" defiendo ellos si están del todo al lado del ser humano.
Como siempre Roberto muchas gracias por su entrada. Un abrazo.

Angelo dijo...

En la sociedad de hoy no cabe la idea de poner la otra mejilla. Como tampoco cabe la humildad ni el perdón, pero ahí estamos los que hemos recibido la luz de la fe, para mostrar que el amor está dispuesto a todo, incluso a poner la otra mejilla.

El concepto de tolerancia que nos venden se lleva cabo por medio del desafecto, la desidia y el desentendimiento. Se es tolerante, al mismo tiempo que entiendes que loque diga y/o haga tu prójimo no te importa. Ni te incumbe ni te relaciona con el.

Frente a la tolerancia, tenemos el respeto... que implica afecto, interés, dedicación, valoración y amor.

Poner la otra mejilla es un signo de afecto y convivencia. Quien pone la otra mejilla, desea saber de quien le ataca.

Dios le Bendiga D. Roberto :)