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Lo que aquí se expone son meditaciones personales, no una doctrina. Si este espacio, nacido y expuesto desde la reflexión personal, ayuda a que otros reflexionen sobre sí mismos y orienten su vida hacia los valores del Evangelio, habrá conseguido su única finalidad.

sábado, 30 de octubre de 2010

Aquel encuentro

 La vida de Zaqueo, amigos, era una vida cómoda y perversa. Su fama de recaudador de impuestos hacía que, muchos ojos, estuvieran puestos en él. Y no precisamente para bien. Pero, de repente, la vida de aquel pequeño gran hombre cambió radicalmente con una interpelación de Jesús: ¡baja Zaqueo!

Aquel encuentro fue sorprendente, y la invitación de Jesús inesperada. ¿Qué sentiría Zaqueo al encontrarse cara a cara con Jesús? ¿Qué tendría de especial Zaqueo para que Jesús se fijara en él?

Los dos tenían actitudes y respuestas complementarias: Zaqueo estaba adornado por la riqueza del mundo, pero con un corazón apresado, infeliz y arrendado por el dinero; Jesús, irradiaba la felicidad, la luz y la paz, aunque –visiblemente- pudiera dar la sensación de ser un mendigo.

Y, miremos por donde, recaudador de impuestos y mendigo, se hicieron los encontradizos en el camino. Se cambian los papeles: Jesús mendiga el amor del recaudador Zaqueo, y Zaqueo mendiga la grandeza, el perdón, la comprensión y la amistad del Jesús mendigo. Aquel encuentro cambió radicalmente el itinerario existencial de un hombre que, subido a un árbol, logró dar con ese otro gran árbol de la salvación que iba anunciar Jesús: su cruz.

3 comentarios:

Edit dijo...

Todos tenemos un poco de Zaqueo.
Y somos muchos también los que nos subimos al arbol, esperando que nuestro Señor, nos acaricie con su mirada.
Creemos que con eso basta, para aliviar un poco nuestra carga.
Resulta que Jesús siempre nos sorprende con mucho más. Se instala en nuestra casa y nos llena de bendiciones.
Es desde su amor y sus dones, que nos va ganando el alma, nos va guiando a su casa.
Solo debemos dejarnos amar, y responder con bondad. El resto se hace mucho mas facil.

Tal vez Zaqueo solo se acercó movido por la curiosidad pero Jesús le mira y le llama por su nombre y eso cautiva, eso tuvo que remover todo dentro de Zaqueo...
Saber que para Dios cada uno de nosotros somos únicos y que a cada uno de nosotros nos ama es un gozo para el alma.Un abrazo!

Angelo dijo...

A veces leemos la Biblia muy deprisa. Como una historia más, pero cuando profundizamos en la escena y los persaonajes es cuando descubrimos tantas lecciones.
Zaqueo. ¿Cómo debía sentirse al convertirse? ¿Cómo le recibieron los demás? tuvo que tragarse su orgullo y de seguro que sufrió muchas humillaciones.
Encontarse con Cristo es afrontar la vida con otra fuerza.
Feliz fiesta
Un abrazo