LO MÁS NUEVO

Lo que aquí se expone son meditaciones personales, no una doctrina. Si este espacio, nacido y expuesto desde la reflexión personal, ayuda a que otros reflexionen sobre sí mismos y orienten su vida hacia los valores del Evangelio, habrá conseguido su única finalidad.

lunes, 23 de agosto de 2010

Aquella viejita

Han pasado cinco años, pero aquella viejita la recuerdo muy bien, mucho más y mucho mejor que cualesquiera cuatro personas más. Aquella hora de aquella tarde del mes de abril el termómetro rondada los 39 grados.

Había sido enviado a una comunidad un poco árida espiritualmente, es decir, no fervorosa. Unida a esa característica, estaba yo pasando uno de esos periodos negros que la mayoría de personas suele atravesar de vez en cuando. De pronto caí en una interminable hondonada, en el que todo perdió su encanto, la vida en ese momento me parecía chata y gris. Mi energía estaba desvanecida, al igual que mi entusiasmo. El efecto que ese estado de ánimo estaba causando en mi rendimiento era aterrador.

Recuerdo que el jueves santo, me encontraba desilusionado más que los días anteriores, quizá porque había asistido muy poca gente. Había considerado aquello algo pésimo. Sólo vuelvo a sentir el escalofrío de cómo viví aquello: solo. Había gente, pero yo estaba muy sólo. Y ahí en un todo inseparable, aparecían el trabajo extenuante, el hambre y el miedo.

Me senté en lo que servía de sacristía y pensaba: ¿No vienen porque no lo conocen? Y mientras meditaba esto, me vino otro pensamiento: ¿y los que vienen lo conocen? De pronto una viejita sin recursos se acercó a mí y puso un pequeño billete de dinero sobre mi mano, muy agradecida por mi predica de aquel día. Yo me incorporé, la abracé como muy pocas veces lo hago y me salieron algunas lágrimas. Le agradecí, ella se despidió y se fue. Me surgió otro pensamiento: Mientras haya viejecitas así, para un cristiano, para un seminarista el pesimismo es imposible. Y aunque no las hubiera, para un cristiano de verdad el pesimismo es imposible. Los días siguientes la afluencia de gente mejoró y pasé quizá una de las semanas santas más íntimamente vividas por mí.

12 comentarios:

Dios nunca le dejara solo Roberto... nunca nos deja solos...me resulta entrañable esta entrada, reciba un abrazo y la seguridad de que esta presente en mi humilde oración. Un abrazo

http://soliloquiosvisigodos.blogspot.com/2010/08/versatile-blogger.html

Teresa dijo...

Estoy segura, Roberto, que Dios se hizo presente en esa viejita, en su billetito arrugado, en sus palabras de agradecimiento por su predicación... En ese momento, Dios mismo le estaba dando las gracias y animando a seguir adelante. Un abrazo

Muy buena su entrada felicitaciones

La anciana , mi estimado Roberto, fue tu ángel, te hizo ver que debes seguir predicando aunque sea en el desierto, no te importe el número, por uno solo que se arrepienta , hay una gran fiesta en el cielo. Cierra los ojos y habla de Dios sin vergüenza dode sea y como sea.
Así lo he hecho yo y de han dado muchos disgustos , pero tambiém muchas alegrías. Dios anda con nosotros.
Con cariño
Sor.cecilia

Militos dijo...

Esa viejita, como la viuda del Evangelio.
Nunca pensamos en vuestros naturales decaimientos, bonigta enseñanza, Roberto.
Rezo por ti y te admiro

Edit dijo...

Mi tìo sacerdote, siempre me decìa que a el le tocaba esparcir la semilla... a otros recoger el fruto.
Aunque uno no vea lo que genera la semilla en el alma de los demás.
Esa es la tarea que debemos hacer con alegria.
Sembrar cantando.
Esa anciana fue la presencia de Dios en tu tiempo de oscuridad.
El es tan grande y amoroso, que jamas nos deja solos, y nos rescata de la oscuridad, con pequeños o grandes milagros.
Esta viejita, para mi, fue uno especialmente creado para tí.
Un abrazo.

Angelo dijo...

Hubo un día en mii vida en que sentí esa soledad. Un único día y lo recuerdo como una angustia que me torturaba. Yo no tuve esa viejita, pero los días siguientes me topé con otros dramas que me hicieron avergonzar de mi soledad. Como dice sor Ceciciia, tenemos ángeles que nos muestran lo amados que somos y lo mucho que tenemos. Desde entonces no he vuelto a tener un día igual. Gracias por este gran testimonio

Miriam dijo...

Gracias a los sacerdotes por esa dedicación que muchas veces parece esteril
Pero seguro segurísimo no lo es
Muchísimas gracias¡¡

Sacerdotes, Seminaristas y todos los seclares tambien gracias por visitar aquellos lugares a los cuales les es imposible a sacerdote en esos santos tiempos. Dios los bendiga y a ud Padre Roberto tambien por estar siempre animandono nuestro espiritu con sus bellas historias tan emosionantes. Por favor siempre siga escribiendo cosas tan bellas, Dios le seguira bendiciendo por tan linda obra de evangelizacion.
Se le aprecia con todo el corazon.

Su amiga por siempre que lo quiere.

En las personas mas humildes ahi esta Dios...¡Maravilloso!

Peregrina dijo...

¡Gracias por tu testimonio! ¡Es valiente expresar la soledad que muchas veces vivimos ¡Y los curas no sois extraños a esa realidad! Un amigo, también cura y muy de Dios, -ya está con él, vivió así mucho tiempo. Durante años tenía en las Eucaristías de una a 5 ó 6 personas a lo máximo. Y nos decía que le decía al Señor: ¡Tú eres el Párroco y yo el coadjutor! Se reía contándonoslo pero yo sabía que había pasado muchos días y muchos domingos solo orando junto al Señor... fortaleciéndose en él. Cuando llegamos nosotros tuvimos un grupo de oración y oraba con nosotros como un pobre, ahí en el último lugar... Aquí comparto algo de él. ¡Ha sido de las personas que más bien ha hecho a mi vida de fe!

http://otromundoesposibletestimonios-gui.blogspot.com/

Desde hoy que me he acercado a tu blog por amigos comunes estás en mi corazón y en mi oración.

Un fuerte abrazo fraterno
M Luisa, red-en